DIFERENCIAL DE 30MA


La electricidad es una forma de energía que tiene muchas virtudes y algún que otro defecto. Y otras cualidades que no sabría si meterlas en uno u otro cajón.
Una de ellas es la invisibilidad. La electricidad no se ve. Un cable puede transportar centenares de amperios y no brilla más, ni cambia de color, ni humea, salvo en casos extremos. Tampoco huele ni se oye…, a excepción del zumbido de los aisladores de las columnas de alta tensión o de los centros de transformación, cuando se consume al máximo y las líneas ya no dan más de sí.

 

Igual que la presencia de electricidad en un cable no se ve, tampoco es perceptible sobre la superficie de una máquina, de un electrodoméstico o de una farola cuando alguno de estos elementos está defectuoso y se genera en su interior una derivación de corriente que lo convierte en un peligro invisible.

 

Para salvarnos de esa circunstancia, en todas las instalaciones eléctricas que se precien existen unos elementos de protección conocidos como interruptores diferenciales, instalados en el cuadro de automáticos. Su misión es comparar la cantidad de electricidad que entra y la que sale del circuito y, en caso de ser diferente (diferencial), cortar la luz. Debe cumplir con su función cuando la energía que entra se deriva por otros caminos que no son los de la propia instalación.

Vamos, para situaciones como las que se dan cuando tocas un artefacto y recibes un calambrazo porque cruza a través de tu cuerpo parte de la corriente.

 

Los interruptores diferenciales se fabrican con diferentes sensibilidades según el uso que vayan a tener. Lo que marca la Normativa, por ejemplo, es proteger con una tolerancia de fuga máxima de 30 miliamperios (viene indicado en el propio diferencial como 30mA o 0,03A) todos los circuitos de cualquier oficina, tienda, comercio o incluso vivienda. Esa cantidad de amperios o miliamperios está en relación con la cantidad de corriente que puede pasar por el cuerpo humano sin freírlo. Para circuitos de maquinara específica, bien protegida y aislada, como un aparato potente de aire acondicionado fuera del alcance de la mano, la normativa permite trabajar con tolerancias de 300mA o incluso más en algunos casos.

 

En instalaciones eléctricas antiguas, mal resueltas o saturadas, suele ser habitual que el aislamiento de los cables sea deficiente, que los aparatos receptores hayan dejado atrás sus mejores años y que todo ello junto no alcance para mantener conectado el interruptor diferencial. Dicho coloquialmente, que salte el automático cada dos por tres.

Eso suele llevarte a buscar a un profesional para que localice y resuelva el problema.

 

 

¿Te han cambiado alguna vez un automático por otro “más fuerte” y fin del asunto?
Si era tu caso y alguien acudió para sustituirte, por ejemplo, un diferencial de 30 por otro de 300mA para que deje de saltar, terminar pronto y dar la avería por resuelta, que sepas que, en caso de contacto, tu cuerpo tendrá que soportar que lo atraviese más intensidad de corriente antes de que el automático dispare. Aunque no lo creas, hay quien anda por ahí asumiendo esa responsabilidad…

 

Ningún taller, oficina, local o vivienda está a salvo de averías eléctricas y derivaciones de corriente complicadas de localizar, sobre todo en instalaciones que tienen años y que han sufrido no una, sino muchas ampliaciones y modificaciones.

Para esos casos, como cuando tienes tu negocio en un local con ese problema, no te conformes con soluciones rápidas. Haz una buena revisión, valora la idea de separar el máximo de circuitos posibles con su propio diferencial de 30mA e incluso asume recablear las partes más sensibles de la instalación. Siempre resultará más aconsejable que bajar el nivel de protección de los usuarios.

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