LA FACTURA DE LA LUZ, EL TEDIOSO TEMA


El tema de la factura de la luz, machacado por los medios de comunicación hasta el punto de que ya no da más de sí y agravado por los tropecientos vendedores de los cientos de compañías que nos visitan cada semana, se ha convertido en un asunto tedioso y cansino. Algo como “ya está aquí otro comercial más con el cuento de lo que me voy a ahorrar”.

 

Y todo el mundo está harto y ya nadie es creíble en lo que pueda ofrecer. Y eso nos salpica a todos, a los que somos y a los que no son profesionales del sector energético. Entre todos hemos llegado a que proponer algo tan necesario para las empresas (y para el mundo en general) como es la eficiencia energética y el ajuste de precios, provoque el portazo en la cara.

Redundando en lo prostituido que está un sector tan técnico y fundamental como el energético, lo cierto es que tanta saturación ha conseguido, por poner un ejemplo, que a casi nadie le importe ya si hay diferentes tarifas eléctricas, cuáles son los beneficios de estar en una o en otra o si se puede cambiar para optimizar cada kilovatio consumido.

No te digo que nos de lo mismo, porque hablamos del bolsillo, del dinero que se va por algo que desconoces y que te da rabia no poder controlar. Pero tal vez, puesta en una balanza, pesa más la sensación de que “el próximo que venga igualmente nos la va a colar” antes de pensar que si encontramos a un verdadero profesional, es muy probable que nos ahorremos una pasta.

 

Recientemente me curré una optimización en un restaurante que incluía necesariamente una subida de potencia, aunque a priori el cliente no se la había ni planteado. Hablo del caso del estudio de un patrón de consumo determinado más que de una necesidad de disponer de más energía para la instalación.
El cambio de tarifa a una superior implicaba pasar a pagar más por el concepto de potencia (tal vez por eso nunca se contempló) aunque también la aparición de varios tramos de precios del kilovatio/hora sustancialmente más económicos. Concluimos que por las horas en las que se trabajaba, la cantidad de electricidad que se necesitaba en cada una de ellas y la posibilidad de tener diferentes potencias contratadas, esta nueva tarifa le encajaba perfectamente. Y estamos hablando de un ahorro final cercano al 16% anual.

Generalmente no es fácil estudiar y mucho menos tramitar estos cambios. Dependen de factores económicos, técnicos y de normativa y no sólo de tu instalación, sino también de la disponibilidad que exista en las redes eléctricas externas.
Así las cosas y sólo con lo que te estoy apuntando, te podrás imaginar la relevancia económica de optimizar tu contrato eléctrico aunque, o lo dejas en manos de un profesional o ¡buf!, da miedo pensar el pollo en el que te puedes ver metido. Porque conozco casos en los que el cliente ha tenido que cambiar hábitos e incluso bajar producción a consecuencia de un mal cálculo.

 

Finalmente, ¿qué vas a hacer? ¿Escuchas propuestas o te quedas como estás?
Pues con los impuestos que vienen, el endurecimiento de las exigencias en materia de eficiencia energética que se imponen desde Europa, las nuevas tecnologías de autoconsumo, de almacenamiento y ahorro de energía…, casi te aconsejo que te pongas ya con ello.
Por muy tedioso y cansino que te parezca o que lo hayamos hecho por acción u omisión desde diferentes medios, el consumo energético es un tema lo suficientemente importante como para prestarle atención. Eso sí, con un profesional de confianza. O eso o cuando quieras darte cuenta estarás pagando los experimentos y las comisiones de quien te vendió lo que quiso.

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