EN LAS HIGHLANDS DE KENIA

Siempre me han llamado la atención las casas, allá donde voy. Me gusta pararme a observarlas y preguntarme qué me ha atraído de esta o aquella construcción.

¿Por qué una pequeña tienda pintada de azul delante de un frondoso bosque al lado de una carretera?

La solución es muy sencilla: Llamar la atención. En un entorno muy duro y cada vez más complejo, con más oferta, en el que los viajeros te ignoren y pasen de largo es lo más normal, el color del que pinte la caseta puede marcar la diferencia entre poder comer hoy o no.
Eso es presión. Y la presión agudiza el ingenio.

Esta pequeña construcción está al lado de la embarrada carretera de tierra que sube a las High Lands de Kenia. Recorriendo estos frondosos y húmedos parajes naturales en dirección al lago Nakuru, te encuentras muchas aldeas de amables y curiosos lugareños que salen a saludarte al pasar. Para ellos eres una novedad que ir a escudriñar, estás en su mundo y tienen todo el derecho a acercarse a observar. Sus normas no son las tuyas, sus protocolos no son como los que tienes tú y sus formas te pueden resultar atrevidas.
Los más jóvenes se acercan y te abruman con preguntas. Te tocan, te huelen. Intentan empatizar repitiendo una y otra vez los nombres de futbolistas famosos y, cuando creen que tienen algo de tu atención, acaban pidiéndote que les des cualquier cosa que lleves encima y que les haya hecho gracia. Tienen todo el derecho porque ese es su mundo y tú, evidentemente, estás de prestado allí.

Respecto a las construcciones, que es lo que me trae aquí, en las aldeas la gente sencilla levanta sus hogares con lo poco que pueden encontrar. Paredes de barro o construidas con tablones, puertas de tela, de plástico o de madera, tejados metálicos de chapa grecada, contenedores navieros convertidos en comercios…

En las ciudades los edificios son un poco más sofisticados. De hecho, algunos tienen poco que envidiar a lo que puedes encontrar en Europa. Eso sí, el caos abunda y cada cual tiene su estilo, sus formas y sus colores.

En la campiña, reminiscencias del pasado, de la vieja Inglaterra que les colonizó. Mansiones de madera junto al lago, en plena naturaleza salvaje, con los poderosos búfalos, las esbeltas jirafas o los temidos cocodrilos a tiro de piedra. Construidas imitando el estilo colonial, con tejados revestidos de paja, en forma de la clásica choza.

Muchas pertenecen a millonarios, europeos en su mayoría, aunque hay ya gran cantidad de chinos y de otras nacionalidades. Junto al lago Nakuru o en el Naibasha encontré verdaderas joyas que admirar.